LOS PRIMEROS TIEMPOS - LA EDAD MEDIA - EL ISLAM - EL RENACIMIENTO HISPANO - LA LARGA DECADENCIA - 1898 - EL SIGLO XX
 
LA EDAD MEDIA

LA CAIDA DE LA UNIÓN MEDITERRÁNEA Y LAS INVASIONES BÁRBARAS.

 

 

Tres pueblos invadieron Hispania a principios del siglo V, los suevos, alanos y vándalos. Estas tribus provenían de Germania y arrasaron todo a su paso. La autoridad romana desapareció y tan solo la Iglesia mantuvo su autoridad. Cuando los guerreros bárbaros se cansaron de saquear y matar decidieron instalarse en la península.


 

 

Los vándalos eran los más fieros y se instalaron en Al Andalus. Los lingüistas sostienen que el nombre Al Andalus proviene de la palabra árabe Al Vándalos. Aún hoy en días se llama vándalo en nuestro idioma a una persona desalmada y cruel.

Estas invasiones fueron una gran convulsión política, económica y cultural. Lo asombroso fue la estrepitosa caída de un sistema tan complejo como la Unión Mediterránea en cuestión de años. La verdad es que se gestó durante siglos. La burocracia y el funcionariado eran inútiles para resistir una invasión militar y los ejércitos se habían burocratizado tanto que no tuvieron empuje para combatir contra las horadas enemigas.

En toda Hispania e abandonaron ciudades y la producción cayó en picado. Hispalis fue destruida por los Vándalos y todavía hoy en días no se sabe exactamente su localización. Hispania se desmembró en varios estados. Al poco tiempo llegó otro pueblo proveniente del sur de Rusia, los visigodos. Tras un siglo de invasiones el mapa político de una Hispania desgarrada por la guerra y la rapiña era un puzzel de pequeños reinos dominados por una minoría bárbaras que sometía a la población local plenamente romanizada. En el norte cántabros y vascones resistían independientes a cualquier forma de ocupación.

Todos conocemos la trágica caída de Roma y el auge de Bizancio como heredera del Imperio. Los romanos orientales derrotaron a los vándalos y recuperaron un gran territorio que comprendía Al Andalus y el Levante, así como todas las islas del Mediterráneo.


 

 

Hispalis, la antigua capital de Tartessos, había quedado totalmente destruida y casi toda la población había emigrado a los campos. Muchos terrenos quedaron abandonados, sin que nadie se ocupara de ellos. Pero sí había quedado algo del legado romano, y fue la Iglesia.

Las relaciones de la Iglesia Romana con Hispania bastarían para escribir otro libro. Jesús, el Cristo, vino como un rayo de esperanza a fructificar en nuestra tierra. Todo el mundo conoce el viaje del Apóstol Santiago a Galicia. También se explica que el arrianismo haya impregnado la liturgia hispana. Santiago fue iluminado durante su estancia con los esenios y trajo antiguos textos, copia literal de las palabras de Jesús. En estos pergaminos se explicaba que la Madre terrenal, identificada posteriormente con María, ayudaba al hijo a encontrarse con el Padre Celeste. Esta doctrina se emparentaba con el tradicional matriarcado tartésico. Casi toda la población hispánica era cristiano-arrianista. También lo fueron los militares bárbaros que detentaban el poder. Bizancio aceptó gustosa la autoridad de la Iglesia en sus dominios. Pero Roma no lo hizo. El arranismo era un peligro al dudar de la autoridad del Papa. En Toledo se celebró un concilio que aseguró la paz en el seno de la Iglesia occidental. Pero ciertos textos en arameo con su traducción latina fueron ocultados en Roma y son sólo conocidos por el Papa y los más altos dignatarios de la Iglesia.

El expansionismo bizantino decayó y en la lejana Arabia se alzaba una voz en el desierto. Se presagiaba una nueva época.

Veinte años antes del nacimiento de Mahoma, Hispania resurgía lentamente. La Iglesia había sustituído al senado Romano en forma de organismo teocrático supranacional que agrupaba a la antigua Unión Mediterránea. Aunque se encontraba escindida entre la Iglesia romana y la oriental. Dos iglesias y dos lenguas: Griego y Latín. Las lenguas románicas se comenzaron a formar a partir del latín vulgar hablado por el vulgo. El latín clásico continuo siendo hablado por el clero y se mantuvo en la liturgia. La mayor parte de los invasores germanos nunca aprendieron el latín, pero acabando adoptando el latín vulgar de la plebe.