Una vez acabada su propia reconquista en el Algarve, Portugal conquistó Gibraltar y Ceuta. Se presentaron dos opciones, atacar a los árabes en el Mediterráneo o descender hacia el sur. La incipiente burguesía portuguesa y también muchos nobles y la misma iglesia se vieron fascinados por una idea y sueño de riqueza. Consultando antiguos mapas era posible para un navío contornear África y alcanzar la India. Este era un país mítico donde abundaban las especias, la seda y el oro. Enrique el Navegante fue uno de los defensores más apasionados de esta idea. El comercio de mercancías asiáticas tenía muchos intermediarios, árabes, venecianos y genoveses. Portugal no podía competir en el Mediterráneo. Debía seguir otro camino para llegar a las Indias.
Se inició
así al Vuelta a África. Redescubriéndose las islas
Canarias y se continuó hacia el Sur divisando Cap Vert. Fue una
aventura apasionante el descubrimiento de Africa camino a las Indias de
Oriente. La epopeya que duró casi un siglo merecería otro
libro. Baste decir que los navíos portugueses realizaron cientos
de expediciones, siempre descendiendo un poco más y realizando exhaustivos
mapas. Recorrieron toda la costa hasta llegar al Cabo de Buena Esperanza.
Por el camino iban sembrando fuertes para asegurarse la ruta. El papel
de las armas de fuego, cañones y arcabuces, fue sin lugar a dudas
determinante. Las armas de fuego aseguraban un predominio incontestable
para las tribus africanas que aceptaron a los nuevos amos y comerciaron
con ellos marfil, oro y esclavos.
Aragón se lanzó hacia el este conquistando una a una todas las islas del Mediterráneo Occidental. La expansión Catalana fuera de las fronteras naturales de Hispania fue la más temprana y precoz en toda la Península. En el 1250 Jaime el Conquistador acabó su propia reconquista al someter Valencia y Murcia. Se lanzó hacia las Baleares pero una insospechada resistencia impidió que tomara Palma, asentándose tan solo en Menorca e Ibiza. Fue su hijo Pedro III quién acabó la conquista. Por ello se dio el hecho curioso que el famoso santo y filósofo Ramón Llull naciera musulmán y guardase en sus doctrinas y libros muchas ideas orientales. La caída de Palma fue el inicio de una expansión mediterránea incontestable. Córcega, Cerdeña y Sicilia cayeron en pocos años. Después llegó el turno a Malta, Creta y a algunas ciudades griegas. Los Catalanes llegaron a conquistar Constantinopla e implantar una pseudo-monarquía almogarave (llama da así por ser catalanes de origen árabe). La caída de Bizancio fue motivada por una traición. El Emperador invitó a los capitanes de la expedición catalana a un banquete y los asesinó. La venganza fue terrible y tras un ataque por sorpresa la ciudad cayó. El frágil gobierno posterior duró muy poco. El recién coronado rey cedió el poder y la ciudad de Bizancio a cambio del sur de Grecia, Atenas y Creta (territorios mucho más interesantes para el imperio comercial catalán). Los terrenos bajo el dominio catalán llegaron así a su máxima extensión. Pero la peste puso fin a la expansión. Proveniente de un navío catalán que comerciaba en Chipre, la epidemia se extendió por toda Europa, cobrando miles de víctimas incluso en la metrópoli Barçelona. Fue un rudo golpe, no obstante, a finales del siglo XIV el imperio comercial catalán tenía peso propio en la política mediterránea.
Isabel y Fernando, los reyes eclécticos
Castilla fue la hermana pobre de la reconquista hispánica. El reino de Granada presentó una resistencia inusitada y en cierta manera invencible. El Emirato había reducido sus fronteras. Sevilla y Córdoba habían sido tomadas varias veces y rescatadas con oro africano. Pues los árabes habían aprendido que todo se podía comprar con prebendas. Granada supuso una importante fuente de dinero y no hay que matar a la gallina de los huevos de oro. Este punto nunca ha sido suficientemente recalcado por otros historiadores. Castilla nunca renunció al vasallaje granadí.
Los emires grandíes optaron por comprar su libertad. El oro sudanés alimentaba una agonía interminable, un lento decaer en el que las artes y las ciencias deslumbraron con su brillo los últimos vestigios de la presencia árabe en Hispania. La reina de Castilla, Isabel, decidió acabar la reconquista pero no lo consiguió. Isabel se casó con el Rey de Aragón, Fernando. Príncipe renacentista perfecto para el insigne escritor Maquiavelo. Se rumorea que su famoso libro "El príncipe" no es más que un homenaje a Fernando de Aragón. La alta política Hispana seguía la línea de las unificaciones federadas. Castilla y Aragón unían sus fuerzas, pero manteniendo su autonomía. Este hecho, unido a una libertad religiosa en ambos reinos hizo que Isabel y Fernando fueran conocidos como los "Reyes Eclécticos". Ciertamente ambos soberanos no fueron fanáticos religiosos y dejaron a las tres religiones convivir en paz en sus reinos. Parece ser que el consejero de Isabel llamado Cisneros incentivó esta tolerancia. Judío confesado defendió a los suyos, aunque posteriormente se convirtió al catolicismo y llegó a ser cardenal. Fundó la universidad Complutense de Alcalá de Henares y potenció los estudios lingüísticos llegando a publicar una edición trilingüe de la Biblia en claro desafío a la prohibición papal.
Fernando se comprometió a tomar Granada y comandó un ejército que sitió la ciudad. Pero se dejó comprar por los sobornos que Boadil le ofreció. De ahí la expresión "Llora como mujer y sabrás defenderlo como hombre". Los lloros de Boadil y el buen dinero salvaron a Granada una vez más. Fernando, como buen catalán, prefirió las pesetas a la inútil gloria y se volvió a sus negocios. Fue motivo de una crisis matrimonial porque Isabel decidió tomar las riendas de la reconquista. De ahí viene el refrán: "Tanto monta Isabel como Fernando" Tropas castellanas atacaron Granada. Entonces ocurrió un hecho extraordinario que cambió el rumbo de la historia. Un tal Cristophorus Columbus llevaba años merodeando por las cortes italianas e hispánicas. El marinero mallorquín (aunque ocultara su origen y se llamara genovés, siciliano o incluso griego) hablaba de un viejo mapa del almirante turco Piri-Reis que mostraba la manera de alcanzar las indias navegando hacia el oeste. Enseñaría el camino a quién le ofreciera una flota y el título de almirante de las tierras oceánicas. El rey de Portugal, preocupado por su propio camino a las indias circunvalando Africa, no estaba interesado en absoluto. Fernando de Aragón miraba su imperio Mediterráneo y no estaba por considerar aventuras a lo desconocido. Isabel lo recibió sin ningún interés. El proyecto parecía abocado al fracaso, pero Colón tuvo la genial idea de hablar con un infiel, el rey Boadil de Granada. La recepción en la Alhambra debió ser impresionante. No se sabe si Boadil creyó la historia de Colón. Los árabes habían oído hablar de tierras lejanas y de un antiguo comercio en las Islas de los canarios. Lo cierto fue que dio suficiente dinero a colón para equipar una nave y dotarla de tripulación (mozárabes pescadores) a la que llamó Almería. La partida sería Palos de la Frontera, territorio fronterizo como bien dice su nombre y en un breve plazo. En este momento Isabel se entrevistó en secreto con Cristóbal colón y le ofreció sus joyas y quién sabe qué más?.
Foto: Despedida de Colón y la Reina Isabel.
Con esta suma equiparía dos naves cristianas en secreto: La Pinta y La Niña. Para evitar suspicacias la nave capitana Almería, partiría sola y se reuniría con las otras dos en las Islas de los Canarios, donde colón quería recabar más información sobre antiguas rutas comerciales. Estas islas pertenecían nominalmente a Portugal, pero Isabel había conseguido libre acceso para sus barcos. Boadil no sabía nada del asunto y continuo su guerra soterrada contra Castilla comprando generales y plazas. Isabel decidió esperar. ¿Fue la locura de Isabel, una intuición genial o un arrebato amoroso? Nunca lo sabremos. Colón partió y se reunió con los barcos castellanos como convenido. Los cañones de la Pinta y La Niña dejaron claro desde el primer momento quienes eran los jefes de la expedición. Los marineros mozárabes acataron la decisión, al fin y al cabo Colón seguía siendo el capitán. Viaje lleno de suspicacias en el cual el canto del Muhacín desde el palo mayor de la nave Almería competía con los Salve Regina de los monjes castellanos.
Los tres navíos llegaron a Guananí y se descubrió un nuevo continente. Colón no era tan magnánimo como pretendía. Prometió una recompensa al primero que divisara tierra y luego, como fue un moro, le quitó la recompensa. Estas fricciones motivaron finalmente que la marinería mozárabe se asentara en una isla y fundara la primera colonia "hispana- musulmana" en el nuevo continente. Los barcos cristianos continuaron la exploración por su cuenta? Astutamente Colón regresó a Hispania y hábilmente desvió su ruta para tomar tierra en Finisterre. No perdió el tiempo para visitar a Isabel y ofrecerle todas las tierras conquistadas. Boadil fue engañado, pero un marinero converso abandonó el cortejo y le dio noticias de la colonia que había quedado en América: Alsalvador. Boadil envió otra expedición mientras que Isabel envió dos flotas a las nueva tierras. El predominio castellano se impuso y Granada detuvo sus expediciones bajo la condición de mantener la paz hasta la muerte de la reina Isabel. Por ello todavía existe una comunidad musulmana en las Islas Vírgenes.
El resto de la historia es bien conocido. Granada se salvó una vez más y Castilla ganó un impero. El panorama hispano se hizo europeo mediante una política de matrimonios mixtos. La hija de Isabel y Fernando, Juana llamada la Hermosa se casó con Felipe, llamado el loco por sus locuras y devaneos amorosos. Juana viajó a Bruselas e inauguró una época de intercambio hispano flamenco. La corte castellana no tuvo buen comienzo. A pesar de tener una esposa tan Bella el príncipe flamenco continuo con sus escarceos trayendo de cabeza a los austeros castellanos. Pero Juana le amaba y por amor aceptaba las infidelidades.
Juana la Hermosa y Felipe el Loco
Su hijo Carlos fue el sello de unión entre Flandes y Castilla. Felipe murió en extrañas circunstancias, seguramente borracho en alguna bacanal. Juana se consagró en cuerpo y alma a su hijo a quién educo en castellano en la corte flamenca. Príncipe renacentista y europeísta, fiel nieto de su abuelo Fernando. Cuando le llegó la hora de gobernar, volvió a Castilla como quién regresa al trono que siempre le perteneció. En un principio chocó contra la nobleza castellana, también llamados los Comuneros por sus ideas federalistas. Carlos era astuto y descubrió que tan solo el fin de la reconquista podían encauzar los levantiscos ánimos y evitar un levantamiento. Granada cayó en manos Carlos. Especialmente se destacaron en la batalla los generales Padilla, Bravo y Maldonado. Granada fue tomada y Carlos se apropió de la Alhambra para su uso personal. Es posible que su carácter no le gustara el refinamiento árabe e hizo construir un metafórico palacio cuadrado por fuera y circularen su centro en forma de patio, símbolo supremo del triunfo del renacimiento cristiano sobre el Islam. Pero quién realmente ganó la batalla fue el oro americano que pagó los ejércitos y evito es soborno árabe.
Carlos I de España aspiraba a ser Emperador del Sacro Imperio Germánico pero no lo consiguió. Por eso se le dice Carlos I el que no llegó a V. En esta aventura gastó su patrimonio y el oro de América. A Lutero le utilizó para el intentó pero el monje rebelde no se dejó engañar y publicó sus bulas para denunciarle. Un panorama confuso el de una Europa en la que Hispania imponía su ley, o lo intentaba. La política global de Carlos I tenía como objetivo extender el imperio por todo el orbe conocido. El dominio de los mares y las plazas estratégicas colocadas por toda Europa como las Islas Franco Británicas, Ormuz y Las Canarias. Carlos se sentía hispano por parte de madre y europeo por parte de padre. Freud ha escrito sobre su complejo de edipo con un padre mujeriego y alcoholico. Esta repulsa psicológica hizo acercarse a su madre hispana en la corte europea de Bruselas. Hablaba varios idiomas. De ahí que se le atribuyan las siguientes palabras: "La lengua del amor es el francés, la poesía en italiano, el alemán para hablar a los soldados, el inglés para el comercio y los negocios; pero a Dios y a mi madre solo les hablo en castellano."
Carlos I de Hispania que no llegó a V de Alemania.
Es obligado remitirnos en este momento a América, pues la historia de Hispania pasa por ella como un matrimonio y una violación. El impacto de los castellanos sobre las poblaciones indígenas de América fue redutable, una verdadera revolución social. Esto se nota especialmente en la caída o reconversión de los dos grandes imperios pre-colombinos: el azteca y el inca. Dos mundos sin apenas contacto entre ellos enfrentados con soldados cristianos, caballos y cañones. No quisiera ser simplista, el impacto fue mucho más que esto. Constituyó una renovación racial, un intercambio de líderes y dirigentes casi de la misma manera que las tribus bárbaras se impusieron en el Imperio Romano.
Comenzaremos por México. La conquista fue una historia de amor, como tantas veces ocurre en la vida real. Hernán Cortés y la India Doña Mariana. Es difícil sintetizar la historia en pocas palabras. Cortés llegó a las costas de México con pocas tropas. Allí encontró a la india Mariana que se convirtió en cristiana y amante del conquistador. Sólo su perspicacia y devoción dieron el imperio al extremeño. Astutamente cultivó la leyenda de Quetzalcoalt. El rey-sabio barbudo que vuelve a recuperar su reino. La leyenda existía y Montezuma creyó la historia. Su indecisión durante la marcha de Cortés a la capital y su humildad frente al guerrero le hicieron perder el imperio. Hernán Cortés se proclamó a si mismo rey bajo los consejos de su amante y sus tropas se convirtieron en la nueva realeza azteca. La independencia americana nació ya en la conquista. Hernán cortés supo convencer con oro a las tropas enviadas por Carlos I y compró cañones a cambio de plata y joyas. Negocio redondo y fueron los propios españoles realistas quien suministraron armas a los rebeldes.
Otra fortuna tuvieron los hermanos Pizarro. La derrota de los Incas fue asombrosamente rápida. De igual manera que en México los soldados españoles se convirtieron ellos mismos en Incas, suplantando a la nobleza local y en muchas ocasiones mezclándose con ella, como es el caso del Inca Garcilaso que viajo a Hispania y tuvo mucha fama en la vida social de la corte como reputado escritor. La nuevos amos del Perú, los hermanos Pizarro, no renegaron en un principio del Rey. Pero las rencillas internas desgarraron la vida política del Virreinato. Gonzalo de Pizarro, el último de su familia, no resistió la tentación de declarar la independencia como lo hizo Cortés. Perú era mucho más fácil de defender que México. Apostó guarniciones en Panamá, fortificando la entrada al reino inca. Pero ambos levantamientos tan sólo duraron unos años. Felipe II impuso la hegemonía hispánica en el nuevo mundo.
Pizarro
Pero volvamos a Carlos I de Hispania y V, tras proclamarse Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Lucho contra los turcos infieles. Perdió la batalla naval de Lepanto (donde el famoso Cervantes perdió la mano) pero ganó el cerco de Viena, impidiendo que se convirtiera en musulmana. Partida en tablas con los turcos. Igual suerte tuvo con el rey de Francia, al que derrotó y tomó prisionero en Pavía, pero de poco le valió. El siglo XVI fue una etapa fascinante de guerras y luchas por el poder global. La época del Imperio.
Felipe II continuó con el expansionismo hispánico. Mediante matrimonio se apropio del Imperio portugués alcanzándose la unificación hispánica. Nunca los terrenos dominados fueron tan extensos y dilatados. Las posesiones en castellanas en Filipinas marcaron la vocación universal de la monarquía. Felipe II fue un rey funcionario que gestiona un imperio mundial desde El Escorial.
Las cosas marchaban bien para Felipe. Tras la caída de sus líderes, los castellanos en México y Perú entregaron lo territorios al rey. El papel que desempeñó la iglesia en el fin de las rebeliones fue decisivo. Amenazó con excomulgar a todos los cristianos que participasen en la insurrección. La fé pudo más que las riquezas. Se otorgó el perdón general y los castellanos se entregaron al rey. Curiosos personajes los hispanos. La fe entregó América a Hispania mientras que la diferencia de fe desgarró Europa del Norte. Lutero originó un cisma en Alemania. Carlos V, amante de Erasmo y el Renacimiento clásico no le prestó atención. Creía en la libertad religiosa. Pero Felipe II era muy consciente de la importancia de una misma religión para sostener su imperio. Prohibió el judaísmo y el islamismo en Hispania y lucho contra la herejía en sus posiciones del norte de Europa. Los holandeses, formalmente vasallos de Felipe, se rebelaron. Todos conocen las guerras de religión que asolaron Europa. Los quijotescos hispanos se dispusieron a defender a la Iglesia católica costara lo que costase. El precio fue el gasto de todos los ingresos provenientes del imperio en caras e interminables guerras. Holanda aspiraba a su parte del pastel en el comercio mundial y para ello necesitaba independencia. Pero Hispania algo ganó, la existencia de una Bélgica católica que de otro modo sería una provincia más de los Países Bajos y de confesión protestante.
Tras años de guerra y cientos de tratados la rama austríaca se separó y la monarquía hispánica se debatió en una lenta agonía. Es triste observar esta decadencia que todavía arrastramos en nuestros días, pero ello es tema de otro capítulo.